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Llevo tiempo comentando en privado con mi amigo Jota Uve el peligro que corre mi dinero depositado en una cuenta. "No me fío ni un pelo de estos mangantes, voy a sacarlo". "No te precipites, Teresa", responde él.
Hoy he hecho la prueba que se menciona en él, he ido a mi cuenta y he pedido un reintegro de 10.000 euros. El empleado, que me conoce bien, ha reaccionado como si estuviese loca. Mirándole "inocentemente", le he preguntado por qué, al decirme que no podía ser. Se ha explayado en un montón de argumentos que, evidentemente, cojean.
Me ha ofrecido un talonario de cheques y me he negado. "Quiero el dinero en metálico. Es mío, ¿no?". Ha empezado a sudar mientras me decía que sí, por supuesto, pero que hoy no, que no disponían de esta cantidad. Me ha dado pena porque al fin y al cabo, siempre ha sido muy amable conmigo, así que no le he dicho que, "Pues vaya entidad, mira que sóis pobres...".
Siguiendo mostrando mi expresión inocente, le he preguntado que cuanto me puede dar hoy. Increíble, tengo decenas de miles de euros depositados allí y parecía que estaba pidiendo limosna: "¿Cuanto me das?"
Finalmente me ha dado 3.000 euros y el resto mañana. "A partir de las 12, por favor", ha añadido más muerto que vivo.
Vale, ahora ya sé lo que tengo que hacer. Diariamente iré sacando del cajero automático hasta vaciar mi cuenta. Me llevará meses, pero espero que me de tiempo, antes de que los Golfos Apandadores del Gobierno se me adelanten.
No es ninguna tontería, este insufrible Gobierno es capaz de lo que sea y no todos se dan cuenta.
El estado de alarma es propio de una república bananera, sólo ha sido una excusa para implantarlo. Sus compinches sindicalistas siguen insistiendo, solamente para crear una sensación de alarma y que el estado de la misma se siga prorrogando indefinidamente.
No olvidemos que el mafioso Rubalcaba ha tomado las riendas y este tipo no se detiene ante nada. Ya lo demostró dirigiendo el GAL.
