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martes, 15 de abril de 2014

Aprender alemán por narices





Mi ordenador ha caído en un coma profundo. (Si está muerto, igual acaba apestando, no sé...)
Después de hacerle una reanimación en toda regla, abriéndole las tripas y limpiándolo todo, el ventilador, lo que me dijo un experto que podía ser, funcionaba estupendamente al conectarlo con las tripas al aire, conque no puede ser ese el motivo. Y como mi amigo -catedrático de informática pero fuera de Cataluña- no se molestó siquiera en preguntarme (mediante whatsapp), si la limpieza había funcionado, pues me olvidé de él para seguir consultándole y fui a lo mío.
Desconecté todos los cables, cogí a la criatura entre mis brazos y la deposité amorosamente detrás de las cortinas de mi biblioteca.
Luego tuve un trabajo de tres pares para sacar a la luz otra CPU que tenía guardada hace unos años. Es que mi estudio da miedo, con tantos documentos por todas partes, tres teclados de ordenador y montones de cables. ¡Ojo!, yo sé dónde está cada cosa, es un desordén ordenado.

Venga, empiezo a enchufar cables y... ¡ostras! hay uno sin cobijo allí detrás. Lo rastreo y es la impresora. Empezamos bien, oiga. La uso mucho por asuntos personales, me es imprescindible porque además de impresora es copiadora y escaneadora. ¡Cachislamar! Delante hay otros dos cobijos, pero ahí me pierdo, no sé si servirán para configurar el equipo o son sólo para otras cosas conectadas para algo puntual.

Dejo estar la impresora de momento, asegurándome que son el ratón y el teclado los que están conectados, y le doy a los dos botoncitos de arrancar. ¡Ta... ta... chan! Sí, funciona. Pero... ¡cagonlamadredelalemana! Está configurado en alemán.

Una trepa de PxC, española, de padre español y residente en España, pero de madre alemana. Me pidió (hace tres años) que le comprase un portátil para conseguir fondos para la campaña de Esplugues de Llobregat (el que estoy usando ahora mismo) Como entonces tenía yo pasta y hacía campaña por ese partido, accedi. Un amigo me dijo que el precio que me pedía era excesivo por ese modelo y marca, pero no le hice caso.
Ella y su hija vinieron a mi casa a traérmelo. Pero no sólo el portátil, venían con un carrito de compra lleno hasta los topes. Parecían gitanas. Quiso redondear el precio "regalándome" un montón de cosas. Una la rechazé tajantemente: un router nada menos. ¿Se cree que soy tonta? ¿Para qué me sirve un router sin el consabido servidor? Acepté la CPU y dos teclados y le pagué más de lo que vale todo esto porque la CPU está configurada en alemán y yo, en ese idioma, no paso del ja, nein, conque estoy hartita de intentar instalar sofware porque el equipo me hace las preguntitas en teutón.

Ojo, Isabel, que en el disco duro aparecen documentos de tu hija con nombre y apellidos. En absoluto soy experta en informática, pero si tengo que quemarme las pestañas por intentar solucionar un problema por haberme engañado, sale todo a la luz...