Rafael Lorenzo Montero, Almirante en situación de retiro. Ha mandado el Portaaviones "Príncipe de Asturias" y el Grupo Alfa de la Flota. Ha sido Jefe del Arsenal de Ferrol, del Estado Mayor Conjunto y Director General de Política de Defensa.
.La verdad nos hace libres, mientras que la mentira y la manipulación hunden en arenas movedizas a quienes se adentran en ellas.
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martes, 8 de diciembre de 2009
La opinión de un almirante
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He tenido ocasión de saber la opinión personal de un almirante sobre el caso Alakrana y aseguro que no tiene desperdicio, a pesar de la natural deferencia y respeto.
Al alba y con viento duro de levante. Efectivamente así se ejecutó la Operación ROMEO SIERRA para desalojar el islote de Perejil ocupado, pacífica pero ilegalmente, por fuerzas marroquíes. Para ello fue necesaria determinación política por parte del Presidente del Gobierno para utilizar la Fuerza, planeando en secreto y jugando con el factor sorpresa, imprescindible para minimizar los riesgos.
Así empieza el almirante Rafael Lorenzo y con ello no deja dudas sobre como se actúa con eficacia.
Sigue el marino analizando lo sucedido con el atunero vasco y sin una palabra sobre la bandera que ondeaba. Para él han sido siempre españoles en peligro y no hay más que hablar.
Pero he aquí la pregunta que lanza:
Tampoco voy a criticar la reciente aparición en rueda de prensa de la Vicepresidenta De la Vega, porque no tenía más remedio que decir lo que dijo "que todo se ha hecho dentro de la más estricta legalidad". Pero sí le recomendaría no insistir en ello, porque si todo ha sido legal, no debería tener inconveniente en contestar a una sola pregunta: ¿que beneficio han sacado los piratas de este largo secuestro?.
Obviamente, la doña no le respondió. Creo que ni supo de las declaraciones del almirante. (Y menos mal...).
Sigue éste con su análisis:
Pretender el asalto del buque por parte de las dotaciones de las fragatas Canarias o Méndez Núñez, estando los marineros secuestrados a bordo, y no digamos con algunos en tierra, habría sido una temeridad (con sorpresa o sin sorpresa), las bajas propias inevitables y en este caso imperdonables. Nada que objetar por tanto a la decisión de no intervenir con la fuerza, y alegría por tanto de los que se inclinan por la negociación como única forma de arreglar los conflictos.
Aquí el almirante deja claro que en este punto comparte el que no se utilizase la fuerza, ya que ninguna garantía había para llevar el asunto a buen puerto. Pero añade con elegante ironía la alegría de los que se inclinan por la negociación "como única forma de arreglar los conflictos"... (¡Es mi héroeeee!)
Pero la dura realidad es que nos encontramos ante piratas, sin Ley, y además bajo la atenta mirada de la comunidad internacional y de nuestros socios y aliados. Con Perejil, el mensaje fue claro, no consentiríamos ningún ataque a nuestra soberanía. Con el Alakrana el futuro es más bien oscuro.
Queda patente el hecho nada despreciable de estar bajo la mirada internacional y por tanto, el papel que hacíamos ante todos.
Y de nuevo la mención a Perejil supone un dardo bien clavado y aderezado con curaré...
Pero ¿qué hacer?... pues por lo pronto pensar, que como dice Joaquín Lorente en un provocador libro, es gratis. Pensar y planear. Planear el uso de la fuerza si se presentaba la más mínima oportunidad.
No hace falta ser un gran táctico naval para darse cuenta de que con tanto desembarco, desde que los piratas abandonaron el buque hasta su llegada a tierra, las fragatas tuvieron una magnífica oportunidad para, ahora si por sorpresa, detenerlos o destruir sus embarcaciones y todo su armamento, a la vez que el Alakrana, ya sin ningún riesgo y escoltado, navegaría hacia alta mar.
Lo que dice el almirante lo pensamos todos los que tenemos dos dedos de frente. Reconforta saber que sólo son los zascandiles habituales los que no carburan correctamente.
Y sigue:
¿Qué habríamos roto un acuerdo? Estaría por ver y además, es que los piratas no merecen otra cosa.
Consecuencias: salvaguarda del estado de derecho, aviso a los navegantes, prestigio, y reconocimiento de la comunidad internacional, al menos la que nos interesa.
Efectivamente, por fin alguien que considera a los piratas lo que son: delincuentes con los que no valen paños calientes.
Las consecuencias que cita son rotundas y la frase final, "... al menos la que nos interesa", deja claro una vez más lo que piensa de ciertos elementos bananeros que van del brazo con nuestros zascandiles conocidos.
Pero la máxima rotundidad la llevan sus palabras finales:
Pero para tomar esa decisión, que otros países en casos similares sí toman, habría hecho falta una gran determinación y voluntad política, algo que como el agua es un bien escaso.
Me descubro ante un militar que sabe como poner de vuelta y media a una pandilla de golfos apandadores sin que estos ni se enteren.
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