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viernes, 23 de diciembre de 2011

Una realidad espeluznante, pero realidad al fin y al cabo


En Brasil ha nacido un bebé con dos cabezas. Obviamente, se trata de gemelos cuyos embriones han crecido pegados en el seno materno, quedando con un solo cuerpo.
No es muy frecuente, pero sí sucede a veces. Son fallos de la naturaleza.

Ahora nos encontramos con el tremendo dilema de qué hacer. Sobretodo los pobres padres.
Porque es evidente que se trata de dos personas distintas compartiendo un solo cuerpo y eliminar una de las cabezas supone matar a una persona. Para los padres, a un hijo.

Como implicada en el Derecho a Vivir, esto me supera, es muy triste, angustioso y frustrante al no tener solución satisfactoria.

Hermanos siameses han habido siempre y pocos intentos de separarles han sido buenos, falleciendo al poco de la operación.
En este caso no se trata de cuartear un cuerpo, ya que es único, y entonces, ¿qué?

Los pro-aborto dirán que habían de ser eliminados antes de nacer, sin admitir que se esperaban gemelos, que no se vió la anormalidad en ningún momento.

¿Qué hacer?
Mi opinión es que si la naturaleza la ha cagado, sea cosa suya solventarlo. Las dos personas están ahí y no por matarlas antes de tiempo se arreglará su vida.
Dejemos que sean felices y queridas mientras duren. No hay que mancharse las manos de sangre por pretender arreglar la vida de los demás.