He pasado una agradable velada entre independentistas. Comida y copas en la sobremesa. La familia nos llevamos bien a pesar de la disparidad de opiniones.
He atacado yo mientras degustaba una sabrosa costilla de cordero preguntando con cierta sorna a un comensal: "¿A quien vas a votar el domingo?" Me he llevado una sorpresa cuando la respuesta ha sido: "No lo sé".
Mi expresión ha debido ser todo un poema porque ha insistido en ello, que no sabe a quien votar, que de verdad.
Resulta que esos fieros independentistas de años se han dado cuenta de los chanchullos de CiU. Y sin que yo tenga arte ni parte, que poco nos vemos, además de que no navegan por internet y por tanto, ni mucho menos leen mi blog. Dejo claro esto para que no se piense que he influido.
No hace falta, todo salta a la vista para quien tenga un poco de sentido común y mi sorpresa -porque me he sorprendido muchísimo-, ha sido grata viendo que no todo está perdido porque si esta parte de mi familia se ha quedado en blanco y, como me han dicho, piensan que hay que frenar a Mas y su trepa, aparte de que tampoco confían en ningún otro partido independentista, es obvio que hay muchos más así.
La conversación ha seguido. ¿A quien votamos? Y todos me han mirado. He explicado que mi intención es votar a C's, que no comparto la totalidad de su programa ni sus maneras, pero que para el 25-N ya sirve porque está creciendo mucho y supone un freno a CiU, que es de lo que se trata.
Todos han asentido sin objetar nada. Han comprendido que somos nostros quienes tenemos que usar a los partidos, no a la inversa como están acostumbrados a hacer. Nosotros les pagamos, nosotros decidimos. Nosotros usamos a uno u otro para conseguir nuestros objetivos.
Qué fácil sería si todos fuesen conscientes de esto, del verdadero poder del voto. Pero desgraciadamente hay demasiada ignorancia y se suele votar a lo tonto, como si se trátase de una tómbola de feria o una quiniéla de fútbol.