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miércoles, 14 de septiembre de 2011

Mas, el amo del kiosco




Mas advierte en Madrid que "Catalunya quiere seguir su propio camino"


El presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha dicho en Madrid, con motivo de la celebración de la Diada en la capital española, que es el momento de que Cataluña haga su propia transición. "Sin amenazar a nadie, pero hablando claramente, Cataluña quiere seguir su camino y forjar su propio proyecto", ha indicado. Mas ha añadido que este proceso se hará "de forma pacífica y democrática, sumando grandes consensos".


Soy catalana de generaciones. Aunque mi primer apellido sea castellano, mi padre nació en Barcelona, como la familia materna, hasta perderse en la noche de los tiempos como atestiguan todos los apellidos familiares, Farran, Borràs, Clavell... Y mi abuelo paterno, nacido en Salamanca, hablaba en catalán con absoluta naturalidad. Sí, en tiempos de Franco, en mi casa se hablaba en catalán. Y en todas las casas, hasta en la calle.
Fue en el colegio cuando tuve que expresarme en castellano por imposición, pero no supuso ningún problema porque lo conocía perfectamente. En casa me habían educado en las dos lenguas de manera natural; la calle era bilingüe, los vecinos andaluces y demás aprendían encantados el catalán, preguntaban como se decía tal o cual palabra. Salvo casos puntuales de los intransigentes de siempre -de ambos lados-, no había problema alguno, éramos una comunidad bien avenida y feliz.

Esto se rompió hace unos años, con la exigencia política de "salvar" el catalán. Necios. Consiguen exactamente todo lo contrario. La gente no acepta imposiciones y se niega a usarlo, siendo rechazado y detestado por su culpa.

Atrás quedaron los tiempos felices en que todo aquel que llegaba, al oír hablar en catalán a sus vecinos y amigos que les acogían con los brazos abiertos, quería aprenderlo voluntariamente.

El señor Mas no me ha pedido mi parecer sobre el destino de Cataluña, mi tierra. Se ha erigido en amo de un kiosco -la Generalitat-, que administra él con una concesión de cuatro años, o sea, que no es nadie, nadie en absoluto.

Que tenga cuidado este mindundi con infulas porque los catalanes no le permitiremos erigirse en un conde-rey como aspira en su demencia épica de tiempos pasados.