El naziministerio de Igual-da está preparando una incursión a las iglesias para obligar a los curas que casen a parejas homosexuales; así, porque lo quiere la fulana que está al frente y pobres de los curas si protestan, tiene previsto cerrar las que se nieguen, cual si de discotecas o bares rebeldes se tratasen.
Ni las más férreas dictaduras se han atrevido a tanto.
Este Gobierno, completamente degenerado, no es consciente de que un credo no puede someterse a exigencias gubernamentales del partido de turno.
La Iglesia Católica, con dos mil años de antigüedad, se rige por unas creencias en que la unión de parejas del mismo sexo es rechazada y esto es tan legítimo como si a Leire Pajín no le gustan las espinacas: nadie puede obligarle a comerlas.
Una iglesia no es una sala de fiestas y quien acude a ella lo hace voluntariamente, identificándose con todos sus postulados. Nadie es obligado a seguir unos ritos con los que no se está de acuerdo; la puerta está abierta, tanto para entrar como para salir, a diferencia del islamismo en que, no sólo no te dejan salir, sino que te obligan a entrar.
Pero la falsedad de la fulana y su ministerio queda patente al no tener intención de obligar a las mezquitas a que celebren uniones homosexuales en sus recintos.
¿Qué clase de igualdad es esta en que sólo se obliga a unos y a otros no?
Si la religión musulmana no acepta uniones homosexuales, la católica tampoco, así que deberían ir pensando en cambiar el nombre a un ministerio que de igualdad no tiene nada en absoluto.
