La eurodiputada italiana Licia Ronzulli vuelve a llevar a su hija al pleno de la Eurocámara para reivindicar la conciliación
El gesto podría parecer muy loable, excepto que causa vomito.
Ahí está esa tía, con su nena, pasando por encima de cajeras de supermercado, camareras de bares, cafeterías y restaurantes; de descargadoras de furgonetas y camiones en horario nocturno; de limpiadoras; de conductoras de autobúses y Metro; de cocineras; de barrenderas; de empleadas del hogar; de oficinistas, ya de cara al público como en un cuchitril infecto.
¿Se ha creído que todas las profesiones a las que tienen acceso las mujeres son como su chollo de hacer lo que le salga del potorro como política y meter a una criatura a dar la tabarra en plena Eurocámara?
Señora, que soy madre y sé que con un año les salen los dientes, que esto les duele mucho y se ponen imposibles que no hay por dónde cogerlos ni calmarlos, montando unas pataletas de cuidado.
Es una vergüenza que esta mujer se dedique a hacerse ver, a llamar la atención, porque lo que pretende reivindicar es completamente inviable. Me cago en sus muertos por reírse de las mujeres trabajadoras, algo que -a la vista está-, ella no es.
