Me cisco en Google, YouTube, Picasa y toda la panda de mafiosos dedicados a sacar información de los usuarios.
Hace tiempo que al entrar a ver cualquier vídeo en YouTube me salía la pestañita preguntando si quiero cambiar mi nombre registrado allí por el del correo electrónico. Obviamente, si me registro con un nick en tal sitio, es por algo. Nada de ocultarme, puesto que ambos, nick y nombre real, son bien conocidos, simplemente fue mi elección.
Hasta ahora he podido torear al robot tocacojones diciéndole que "más tarde", pero hoy, o lo hacía o no me dejaba seguir.
Entré buscando una canción que me interesaba, cuya letra y entonación conozco y que quería dedicarle a cierto personaje de mucho cuidado que se dedica a perseguirme, difamarme y calumniarme en su diario digital valenciano y que incluso ha conseguido que Blogspot eliminara una de mis entradas en la que me defendía de él. Nada nuevo, estoy inmunizada de chinches y alimañas varias, tengan el escalafón que tengan.
Pero... de nada ha servido responder al robot para poder acceder, ya que es imposible coger la URL de la grabación en cuestión. Además, está cerrada a comentarios. O pones la dirección de la página o te jodes.
Por supuesto, he dejado al robot en bragas, puesto que, aparte de dejar claro que quiero mi nick de siempre, no el nombre del correo electrónico, tampoco he añadido ni media palabra de información a mi perfil. Lo malo es que ahora aparecerá en g+, ya que este requisito es imprescindible. Al negarme a ello, el robot no me dejaba seguir, o lo aceptaba o puerta.
Y además, he tenido que aceptar los cambios en Picassa, que no sé cuáles son ni me importan, pero también obligatorios. A saber.
Gran Hermano existe. Orwell se quedó corto con la fecha. A este paso, o dejas todos los datos de tu vida, desde la primera papilla de la que tienes recuerdo, o no te dejarán vivir en esta sociedad virtual en la que ellos son los amos.
¿Vale la pena? Sí. Nos hemos acostumbrado a ello, es lo que hay y no se puede evitar porque hemos hecho grandes amigos en la distancia, llegando a conocer a algunos en persona y, obviamente, no queremos prescindir de ello. Pero hay que tener mucho cuidado, muchísimo, porque la inocencia de muchos al aceptar esta vigilancia es el mal de todos. No olvidemos las terribles y mortales censuras de China, Cuba, Irán...
Internet es un arma de doble filo y hay que saber manejarla con valentía y arrojo, no apta para niños y pusilánimes. No es un juego.
