Me refiero a las de mi hija y mi yerno. Me trasladé a su casa para cuidar de la gata locatis y las plantas del balcón y todas me dieron problemas, minino y vegetales. (Ver
La gata me tiene friiiita y
¡Vaya domingo!)
Primero se fueron a Castellón, a la casa familiar de los padres de él y cuando ya llegaban de vuelta, SMS de mi hija: "Nos hemos dejado las llaves de casa en Castellón, abre la puerta cuando te lo diga."
Esa vez fue mi yerno quien se las dejó. Luego se fueron a Sevilla, con mi ex y mi hijo. Finalmente a Venecia, en un recorrido por Florencia, Murano, Bolonia, La Quinta Tierra, Génova, y no sé qué más.
El lunes por la noche tenían que aterrizar en Barcelona. Yo esperando impaciente porque se suponía que a las 12 y nada, pasaba el tiempo y no llegaban. Sobre la una recibí un SMS de número desconocido, vamos, que no lo tenía en el archivo de mi móvil. Lo abrí, pensando que tal vez mi hija se había quedado sin saldo o sin batería y usaba el de mi yerno, el cual no tengo. Efectivamente, era el de él, pero... "Mamá, cuando te haga una llamada perdida desde este número, abre la puerta, que no tenemos llaves." ¡Argggggggggggggg! ¿Otra vez? Y ojo, que mientras estaban en tierra de romanos ya me pidió que buscara por su casa una tarjeta bancaria que se habían dejado, le hiciera una foto en el anverso y se la enviara, que les hacía falta eso.
Yo buscando por toda la casa, que no sabían dónde estaba la tarjeta de las narices, y la gata locatis detrás mío, como si fuera a robar algo, ainssssssssssssssss...
Total, llegaron a las dos de la madrugada porque habían tomado el bus nocturno y se pegaron un "paseo" por toda la ciudad.
¿Las llaves? Mi hija se dejó el bolso en el compartimiento de equipajes de la cabina: llaves, documentación, móvil, tarjetas, cámara de fotos... Una semana después no tiene noticias de su reclamación, al parecer, alguien se quedó con su bolso.
Este es el final amargo de unas estupendas vacaciones porque se lo pasaron muy bien, vi fotos en la cámara de mi yerno y me explicaron detalladamente las visitas a los museos, una maravilla.
Esa noche nos acostamos muy tarde porque desempacaron lo que habían comprado como recuerdo. Lo primero fue este paquete:
(Pinchando en las fotos se agrandan)
¡Anda, si son hostias!, exclamé. Mi hija que no, que era pasta como los macarrones. Niña, que yo hice la Primera Comunión y esto son hostias aunque no estén consagradas, dije desternillándome de risa.
No recuerdo dónde lo compraron, pero efectivamente, simulan hostias:
Al día siguiente las cocinaron y como no dan pie con bola, metieron medio paquete, con lo que al hervir se hicieron enormes y estuvieron dos días comiendo eso, je je je... Yo lo probé del plato de mi hija antes de decidirme, pero... ¡puajjjj!, las habían cocido sin sal y decliné la invitación.
En esta foto están los recuerdos que me regalaron. Una máscara veneciana con certificado de garantía: LA MASCHERA DEL GALEONE; un punto de libro de Venecia y un colgante de Murano precioso.
La Loba de Romulo y Remo es de Mérida y el imán para la nevera de Granada, de las "incursiones" desde Sevilla.
Me siento muy afectada por la perdida del bolso de mi hija con todo lo que ello supone, pero es que esta chica no parece hija mía con tanto despiste. Vamos, que la última vez que volé a Madrid meti el portátil en el compartimiento de la cabina para evitar golpes si lo facturaba, y cuando a la vuelta aterrizamos en Barcelona y me dispuse a recogerlo, no estaba a la vista, en cambio, un chico delante mío, en el pasillo de los asientos, llevaba uno igual. Decidida, se lo quité de las manos, diciendo que era mío. El pobre se quedó a cuadros y después de unos instantes de duda, abrió una cremallera del maletín que yo sujetaba. Pues no, no era el mío, habían discos y documentos que para nada llervaba yo. Le pedi perdón, explicando que no encontraba el mío. Miró donde le señalaba y lo sacó. Los capullos que llegan después de ti lo cambian todo de sitio para poner sus cosas, habitualmente, maletas como la mía que facturo y ellos no, habían desplazado mi maletín hasta quedar hundido en el portaequipajes, fuera de mi vista.
He leído por ahí que las líneas aéreas van a penalizar estas prácticas. Ya era hora, ¡por Tutatis! Maletas más grandes que la mía ponen con calzador, espachurrando todo en un espacio donde sólo ha de ir equipaje de mano y como no les cabe, te lo cambian de sitio.
Supongo que a mi hija le pasó esto porque es más bajita que yo, que ya es decir, y aunque mi yerno es muy alto, iba a lo suyo y ella no recordó el bolso al no poder verlo.
A todo esto, ¿qué hay de la honradez? Venían desde Génova, único vuelo esa noche. Me contaron que querían comer algo en el aeropuerto mientras esperaban el vuelo (menos mal que les había preparado la cena por si acaso), pero todo estaba cerrado, que el vuelo Génova-Barcelona era el único en ese aeropuerto, el cual tildaron de tercermundista, pequeño y sin tráfico. Sin embargo, en aquellos pagos había comerciantes muy confiados que, teniendo su negocio cerrado, en la puerta había una mesa con libros y una hucha: dos euros el ejemplar. Mi yerno tomó uno y puso los dos euros. ¿Cuántos turistas de Barcelona lo habían hecho si nos atenemos al destino del vuelo? En otro establecimiento donde querían comprar postales, tal que igual, no había nadie a la vista en la tienda y al elegirlas y llamar, de la trastienda oyeron un "Ya voy, perdón." Al mirar hacia allí vieron que el susodicho estaba jugando una partida de ajedrez con otro, completamente enfrascado.
¿Son los italianos más honrados y piensan que los demás también lo son? Misterio.