Se ha hablado mucho de los recortes sanitarios que ha implantado el dueño del kiosco llamado Generalitat, pero si se profundiza poco a poco, el horror es mayor.
Hace unos días murió un bebé porque, aunque el seguimiento tocoginecológico había diágnosticado que el parto debía hacerse con césarea, el hospital de Calella (Barcelona), quiso ahorrarse los costes y aunque finalmente se practicó la césarea, extrajeron a la pequeña Paula muerta.
Ese señor de la foto, el que aspira a ser conde-rey de Cataluña, no encontrará suficiente agua y jabón para lavarse la sangre que lleva encima.
Mientras él vive como un señor, los catalanes se mueren.
Ahí lo tenemos, en la ducha, cual una Maria Lapiedra cualquiera. Un "vedetto" ansioso de popularidad, un hijo de tal que sólo piensa en él y los suyos.
Esta tarde (por el miércoles), he ido al hospital de la Vall d'Hebrón a visitar a un familiar. Así he sabido que el hospital no proporciona agua a los pacientes. ¡¡¡NI AGUA!!!
¿Alguien sabe lo que esto supone? "Que se la traiga la familia", dicen las enfermeras. Sí señora. ¡Susordenes, señora!
Pero... ¿y los que no tienen familia y están solos? Haberlos hailos.
¿Tomar agua del lavabo? Esto los que puedan levantarse de la cama, por supuesto...
El agua es una necesidad vital que no se niega a nadie y los médicos y personal sanitario son los primeros en saberlo. Aún así, se hacen cómplices por no perder su puesto de trabajo.
¿Y la comida? Ya sabemos quienes hemos estado ingresados que es pura bazofia incomestible, pero es que ahora, ¡verdura y patatas! A mediodía y para cenar, cada día.
Mientras, el pingüino se harta de buenas viandas y caldos, sin privarse de nada, a costa del sufrimiento y la muerte de los catalanes.
Estás maldito, Artur Mas. No lo olvides.
