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lunes, 29 de julio de 2013

Infancia maltratada


No suelo publicar sobre temas internacionales, menos aún de sus temas sociales, porque sería el cuento de nunca acabar y ya tengo bastante trabajo en Cataluña y en el resto de España, pero este vídeo me ha impactado por la reacción del niño, protagonista involuntario de la noticia.



México. Todos sabemos lo que pasa allí. Asesinatos de mujeres y niñas en Ciudad Júarez. De policías que intentan poner coto a la barbárie. De abogados que intentan hacer su trabajo. Corrupción a manta. Y miseria, mucha miseria.

Un niño que intenta llevar algo de dinero a casa para sobrevivir. Vende dulces y tabaco en una cesta que pasea por la calle en vez de estar estudiando en el colegio, algo que a esos niños les está vedado.
Y llega el sheriff prepotente y chulesco, obligándole a tirar al suelo el contenido de la cesta, ante la mirada de esa mujer que presuntamente fue quien denunció al niño, asegurándo que le había robado algo. Al demostrarse que no, la fulana se va, satisfecha de haber sido testigo del correctivo.
Pero... el sheriff sí que se apropió de dos paquetes de tabaco de la cesta, sin abonarlos, por supuesto.
Y ahí quedó el chiquillo, llorando desconsoladamente mientras un viandante volvía a meter en la cesta lo desparramado por el suelo. Aún tuvo mucha suerte de no recibir una paliza, algo habitual por esos pagos.

Juan López Jiménez es el nombre del inspector y al parecer, la fulana de la tripa gorda también ostenta este cargo, con el nombre de Carmen Torres Díaz. A ambos se les ha abierto un expediente y al sheriff lo han despedido. El vídeo ha dado la vuelta al mundo, así que no tienen escapatoria.
Un comentarista ha dicho que "¿Qué hacía el que filmaba el vídeo en vez de intervenir?". No, pajarito, al niño no le estaban pegando, así que en estos casos es mejor recoger pruebas para atizar muy fuerte, como así ha sido.


sábado, 1 de junio de 2013

Medio melón secuestrado

Tontanécdota del sábado. Las peripecias de medio melón secuestrado por el supermercado DIA.

Esta mañana he salido, monedero en ristre, a comprar un par de cosas. Primero me he detenido en la frutería y he comprado medio melón. No soy buena cliente por aquello de escasear la pasta, pero me conocen lo suficiente y el encargado siempre me obsequia con unas tajaditas de melón y de sandía para probarlos. La dueña tiene cierta mala leche, pero es potable.
Cerca está la bodega donde compro, pero al ser tan barata, había dos colas hasta la calle, así que he ido al mercado, esperando que se redujera la afluencia para cuando volviese.
En la tripería he pedido cuatro corones (tripas de cordero), a 0, 60 euros cada una. Tenían cinco, así que me han preguntado si quería esa también y he accedido. Total, cuando las fríes se quedan tan diminutas que... Pero están muy buenas, me encanta la tripería.

He vuelto a la bodega y nada, la cola era mayor, así que he preferido ir al supermercado para comprar unas latas. Ya sabía que serían más caras, pero estaba cansada, deseosa de volver a casa.
He dejado la bolsa de tela de la compra en una taquilla y he entrado con el carrito de plástico del súper. No es el supermercado habitual, yo siempre he comprado en Caprabo, pero dicen que el DIA es más barato, así que, las cosas como son.

Para no molestar en el pasillo, he dejado el carrito al final, junto a otro usado por el establecimiento para reponer y he ido a por las latas. Qué pesadez, todos los packs de encima estaban incompletos, así que he tenido que separar dos, coger lo que quería, y volver a colocar los otros donde estaban. Por el rabillo del ojo veía al segurata pendiente de mí -tengo visión periférica-. Está tonto este, pensaba yo, si cree que voy a dejar los packs incompletos sobre la otra estantería, junto a otro producto, mezclandolos, y olvidarme de ellos. Nada más volverlos a su sitio, me viene él trayendo mi carrito. "Gracias", le he dicho con una sonrisa. Pero al inclinarme a dejarlo en la cesta, ¡ay, qué daño! Se ha interesado y le he explicado que tengo la columna hecha polvo. Sólo seis latas ya suponen mucho peso para mí si tengo que inclinarme con ellas.

He ido a la caja y nada, ese hombre no me quitaba el ojo de encima. Me ha llamado a otra caja donde la cola era más corta. Yo que gracias nuevamente. 
Cuando la cajera atendía al cliente delante mió, he avanzado para abrir la taquilla y sacar mi bolsa, con la finalidad de meter mi compra en ella, ya que ahora las bolsas de plástico son de pago y prefiero la mía de tela fuerte que, además de ser más cómoda, evita residuos.
Pues señor, que cuando la cajera me ha visto con la bolsa, ha puesto mala cara y me ha pedido verla. La he abierto, claro. No tienen derecho, lo sé, legalmente no, pero si cuela, cuela.
Al ver el medio melón se ha convertido casi que en un agente de narcóticos, ¡uf! ¡Menuda ha armado! Ha palpado el paquete de las corones, constatando que no era un producto suyo, pero yo me he ciscado mentalmente, porque si en vez de ser tripas son huevas de gallina o de pescado, me lo espachurra la burra esa.
He intentado explicarle que la bolsa estaba en la taquilla, que no había entrado con ella, pero estaba decidida a llevarme a la cárcel, ¡por Tutatis! Ha llamado a otra empleada, preguntándole si tenían mitades de melón. Han venido dos, una se ha llevado mi pobre tubérculo frutal para analizarlo y a la otra le he dicho, harta, que llamara al segurata.
En eso que veo a mi lado a otro cliente defendiéndome. Era Mustafá, el marido de mi amiga Djamila. Nos conocemos desde hace un montón de años, desde que nuestros respectivos hijos eran niños, en el colegio, y nos tenemos mucho aprecio mutuamente porque les ayudé mucho con las ayudas escolares cuando presidía la APA.

Aquello se había convertido en un circo. Mi pobre melón pasó de mano en mano allí dentro, fuera de mi vista, lo traían y se lo volvían a llevar. Lo acababa de comprar fresco, impoluto, y me lo devolvieron machacado...
Pensé en ir a la frutería, que está en la esquina, y traer al encargado para que los pusiera firmes. Estaba segura de que lo haría. Pero llegó el segurata y fui yo quien le interrogó a él. "¿Verdad que yo no llevaba esta bolsa dentro del supermercado?". Rotundo "NO". Además, me había visto en la cola de la caja y me redirigió a otra, así que sabía perfectamente que no llevaba el melón en ninguna parte.
Finalmente me devolvieron la fruta. La encargada dijo que no, no tenían mitades de melón. Pagué las latas y la cajera me tomó del brazo, pidiendo perdón. Se lo concedí, pero pensando en no volver más a semejante antro.

Comprendo que hay muchos hurtos en los supermercados, pero sé que los precios ya los contemplan, ya que esas latas me habría costado el  pack en la bodega unos dos euros, mientras que allí, en el DIA, me costaron casi el doble. Y yo que lo hice por llegar antes a casa...
E insisto en que no es legal registrar las bolsas de los clientes y esa tonta podría haberse dado cuenta de que la cagaba al permitirle hacerlo al instante porque si hubiese robado el melón, me habría negado de todas todas y con la ley en la mano, ellos no podían obligarme. Ni podían llamar a la policía, nada.

La empresa DIA debería aleccionar mejor a sus trabajadores porque Caprabo y Condis, a pesar de que he visto pillar a hurtadores, no montan estos circos, van a por ellos dentro, al haber visto por las cámaras que ocultan artículos en sus bolsillos o bolsos de mano. Una vez fuera de la caja no se puede probar y yo estaba fuera de la caja, cogí mi bolsa de la taquilla, en la entrada. Que esa empleada no se diera cuenta de que al pasar por caja no llevaba ninguna bolsa y ésta apareciera al coger las latas, fuera de la caja, dice muy poco de su profesionalidad.

Desde luego, no vuelvo al DIA de ninguna manera. Allá ellos.

miércoles, 9 de enero de 2013

Rizar el rizo de lo absurdo o la estrellada con risotada






¿Recuerdan el dicho de la imposibilidad de estar en misa y repicando al mismo tiempo? Pues esto hace ERC que, siendo socio del Gobierno de la Generalitat, se ha aupado al cargo de jefe de la oposición.
La artífice de semejante incongrüencia ha sido la presidenta del Parlament, Núria de Gispert. Que Sanseacabo no permita que su alzheimer siga su curso en esta dura legislatura que nos espera porque ya estamos bastante tocados en todos los aspectos.


ICV-EUiA había propuesto por su parte una modificación de la ley que regula la jefatura de la oposición, de manera que en este caso concreto, cuando ERC ha firmado con CiU un acuerdo de estabilidad parlamentaria y de gobierno, no exista la figura de jefe de la oposición.


La lógica resulta un extraño concepto, desconocido por algunas personas con cargos de mando en plaza, esos cuyo objetivo es repartir favores y hacer provechosas alianzas para la consecución de sus fines.
El asunto resultaría de grandes carcajadas si no fuera por todo el mal que están haciendo a diestro y siniestro, pues no me negarán que la puntualización que ha tenido que hacer Bruselas públicamente ante los humos de los catalibanes los deja cubiertos de ridículo.


La Comisión Europea ha recalcado este martes que el único interlocutor que reconoce para hablar de los objetivos de déficit en España es el Gobierno central, según ha señalado a la agencia Efe el portavoz europeo de Economía, Simon O'Connor. La reacción de Bruselas ha llegado después de que el 'conseller' de Presidència, Francesc Homs, haya explicado en la rueda de prensa posterior a la reunión del Govern que el Ejecutivo catalán ha mantenido contactos con representantes de la Comisión para trasladarles su demanda de flexibilizar el objetivo de déficit autonómico para el 2013.


Siguen empeñados en creerse alguien a pesar de que les cierren las puertas en las narices. Muy educadamente, eso sí, demasiado.
No tienen sentido del ridículo, son penosos y patéticos con su cantinela, victimista por un lado, y prepotente por el otro. Como niños malcriados, lloran y exigen a partes iguales.

Un par de imágenes para reír un poco:

Aquí el infantiloide President y a continuación uno de sus elegantes votantes:





No cabe duda de que el animalito de la pared es el único inteligente en esa cuadra, sí señor.