Pues sí, me las he tenido que ver con este par de amebas. Lo que dicen es una ínfima muestra de lo que me han dedicado a mí. Una pequeñísima parte, del tamaño de un trocito de uña.
Y el que se ha puesto las botas en privado -y tiene cara de tonto, oye-, no me salga con que miento porque las pruebas, con pelos y señales, ya han llegado donde tienen que llegar.
Vaya par. Mis gatos tienen más sentido común e inteligencia que ellos, simples pedazos de carne con ojos, jactándose de sus supuestas proezas y despreciándome a cada paso, pobres misóginos.
Que son escoltas, que son escoltas... va ser de los Boy Scouts en todo caso. Menudo par de cretinos. Conozco escoltas de verdad que no sólo no lo van pregonando y jactándose como pavos reales, sino que son unos perfectos caballeros, con educación para dotar de ella a ese par y a toda su parentela hasta la 20ª generación.
Supuran rabia y odio hacia mí, pobrecillos pichafrías frustrados. Me recuerdan a la chatarra oxidada que pronto irá a la cárcel por calumniarme. Que mala es la envidia, sobretodo haciendo presa de pobre gente carente de espíritu, meros envoltorios vacios de contenido, necesitados de atención, de sentirse importantes para poder avanzar día a día en su triste vida.

