Juan José Millás, Luis García Montero, Juan Diego Botto, José Sacristán, Pilar Bardem y José Luis Gómez han apoyado hoy la convocatoria de una manifestación el día 29 en solidaridad con el juez Baltasar Garzón y las víctimas del franquismo, para "luchar contra el avance de la mafia en el Estado".
Vaya hombre, ahora resulta que tenemos una mafia en el Estado. Y lo dicen precisamente los mafiosos que se han hinchado a cobrar subvenciones otorgadas por ZP a los de su cuerda, en pago a su apoyo circense.
García Montero, por su parte, ha destacado el papel de Garzón como "pionero del derecho de internacional" y ha considerado "paradójico" que el juez sea "el primer encausado por investigar una de las tramas más importantes de corrupción de la democracia española", en referencia al caso Gürtel, y la "última víctima del franquismo". "No se pide venganza, simplemente conocer la verdad para reparar la dignidad de las víctimas y dignificar la política, la justicia y la democracia", ha dicho.
La verdad se conoce sobradamente, tanto lo que hizo un bando como el otro y si Garzón hubiera tenido intención de actuar justamente, no habría rechazado juzgar a Carrillo amparándose en la amnistía de la transición, ignorando esto cuando se trató del bando contrario.
"Los crímenes contra la Humanidad no prescriben", es su sempiterno argumento, pero ignoran los de Carrillo que aún vive, no esa patochada de pedir el acta de defunción de Franco.
Con Fraga se han metido hasta el piloro, en cambio no con el flamante Carlos Jiménez Villarejo, actual defensor de Garzón y antaño abogado fiscal de la Audiencia Territorial de Barcelona durante el franquismo.
Jiménez Villarejo envíaba a los presos de la Modelo a ser torturados, está documentado.
Garzón no deja de ser un egocentrista ávido de popularidad y de dinero, nada más que esto. Picoteando siempre en casos importantes para sacar pecho hasta en el extranjero, pero teniendo el 'Faisán' escondido en un cajón durante más de cinco años mientras iba de cacería con quienes se supone no debía contactar en su calidad de juez.
Un miserable sinvergüenza que se ha dado de morros en buena lid al creerse impune, por encima de cualquiera.
