Aquí mi amiga ANITA, abrazada a su ídolo.
Ojo, malpensaos, que le he pedido permiso y me ha dicho que sí, sin saber qué narices de foto era, ya que es una que he encontrado por la Red, ¡juas juas!
Esto son amigos como vengo diciendo últimamente. Nos podemos tirar los trastos por la cabeza en mi blog por tener opiniones encontradas y hasta diametralmente opuestas, pero sabemos que somos buenas personas y todo esto pasa a un plano secundario.
Bueno, hecho el bromazo porque mi amiga adora a Garzón (es que cuando vi la foto pensé automáticamente en ella, je je je...), paso al tema.
Leer.
Se le desmontan los cuatro palos del sombrajo de victimista, aullando que se trata de una conspiración porque el que pidiera dinero a empresas que tenía que juzgar sólo tiene un nombre. Y no es bonito precisamente.
Este señor ha engañado a mucha gente haciendo creer que es un paladín de la justicia, cuando en realidad sólo busca notoriedad y dinero.
Se negó a juzgar a Carrillo hace once años, amparándose en la amnistía de la transición, pero luego se empeñó en juzgar a difuntos obviando lo que él mismo había esgrimido primeramente. Y esto a pesar de que fue advertido de que carecía de competencia para ello.
Más chulo que un ocho y creyéndose amparado por las locas y absurdas leyes socialistas, porfió e insistió en ser el rey del mambo y ser conocido mundialmente como el defensor de los derechos humanos. Derechos que se pasó por el forro en 1992 en Barcelona y por lo cual pagamos los españoles una porrada de dinero en concepto de indemnización a sus detenidos, más las costas del juicio en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Hoy lo tenemos como un Urdangarín cualquiera, pidiendo dinero en calidad de juez como el otro lo hizo en calidad de yerno real.
¿Cuál es la diferencia entre uno y otro? Ninguna. A todas luces es culpable de cohecho y prevaricación como poco y encima de extorsión como un etarra que se precie.

