viernes, 31 de diciembre de 2010

¡Feliz Año Nuevo!

Estos días ando algo desaparecida. Cosas mías. Pero hoy tengo un hueco para escribir aquí y perderme en mis habituales reflexiones cuando no opino de política.

Es tradición felicitar la entrada de un nuevo año, como si ello supusiese un cambio, pero al fin y al cabo, no es así, sólo se cambia un dígito al escribir la fecha y se sustituye un cartón con 12 meses por otro, porque nada cambia de un día para otro.
Los cambios no tienen más fecha que en la que se producen. Y a pesar de esto, todas las culturas celebran a lo grande el cambio de año, como si fuese algo extraordinario. Los chinos, los musulmanes, los judíos... todos tienen fechas distintas a la nuestra, los cristianos. Viven en años diferentes al nuestro, ¿no resulta curioso?
Curioso porque la fecha que rige el mundo es la cristiana. Sí, hasta para los ateos y agnósticos estamos a 31 de diciembre de 2010 y cuando haya sonado la última campanada de las doce, será 1 de enero de 2011 en todo el mundo.

Pero hoy no me apetece meterme en fregados de estos. Estoy preparando la cena de esta noche. Mi hijo y yo nos vamos a poner las botas a base de marisco. A mi hija no le gusta, ella se lo pierde.
Bocas, cigalas, langostinos, navajas, almejas... ¡Ondia, se me ha olvidado poner el cava en el frigorifico! Menos mal que lo he recordado al mencionar esto, voy p'allá.

Ya está. Siempre es bueno ponerte a explicar lo que vas a hacer, así, si has olvidado algo, te das cuenta.
Mañana haré zarzuela, pero no será comida de Año Nuevo, sino cena. Mandan los jóvenes, que salen de fiesta y claro, luego duermen al día siguiente. A mí no me importa, aunque no vaya de fiesta, soy noctámbula por naturaleza. Además, sólo como una vez al día y suele ser por la noche, así que miel sobre hojuelas.

¡Voy a cometer un gaticidio! Alguien se ha dejado abierta la puerta del baño y las huellas felinas están a la vista en toda superficie blanca. Con lo que me costó encontrar a una mujer de faenas que lo deje todo como los chorros del oro, y van los mininos haciéndo incursiones por donde no deben, ainssssssss...
Cuando no tenía a estos dos okupas en casa, ponía sobre un mueble fuentes con turrón cortado, bombones, tortas, dátiles, higos secos, pasas, etc. Ahora no, ahora he de tenerlo todo guardado y sacarlo sólo a la mesa en su momento y aún así, hay que echar a la bestia asesina (la gata Bimba) porque se sube estando nosotros comiendo, con toda su caradura. Y ojo, que además de no obedecer, si la tocas te ataca. Yo sería expeditiva, pero como mis hijos tienen el "buenismo" inculcado por la otra mitad de sus genes, pues se lo dejo a ellos, lo de quitarla de la mesa. Que aguanten los zarpazos y dentelladas por ser amables.

Mi hija ya tiene piso. Para Reyes me rascaré el bolsillo a base de bien para dotarlo convenientemente, ya ha hecho su elección. A ver si se lleva a la gata, que al fin y al cabo es suya, se la regalaron sus amigos, je je je... Al otro lo tendré que aguantar porque es mío, lo cacé en el trabajo cuando tenía un par de semanas. Para evitar que los salvajes del turno de noche lo envenenasen cargué con él, ainsssss...

Bueno, pues ¡Feliz Año Nuevo! Aunque caigan chuzos de punta...

2 comentarios:

  1. Je je je... feliz no sé, pero entretenido te aseguro que sí, ¡ja ja ja!

    Un abrazo, J.F.

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